El temporal de viento que azotó a la ciudad el lunes pasado, con ráfagas que alcanzaron velocidades huracanadas, dejó una imagen que se repitió en las redes sociales y en las calles: viviendas prefabricadas arrancadas de cuajo y estructuras colapsadas.
Para las especialistas, el problema no radica necesariamente en el sistema constructivo en sí, sino en la ejecución y el estado de la obra al momento de la tormenta. Al ser consultada sobre las viviendas destruidas, Moreno fue categórica respecto al diagnóstico preliminar de las imágenes virales.
«Las casas prefabricadas que se destruyeron son casas que no estaban bien ancladas. Eran casas que se estaban montando, no tenían las aberturas puestas ni murete perimetral», explicó Moreno.
La arquitecta detalló que la falta de cerramientos genera un efecto de succión devastador cuando el viento ingresa a la estructura: «No es lo mismo una casa que está deshabitada y sin aventanamiento, que es mucho más factible que trabaje la succión del viento», agregó, diferenciando estas situaciones de las obras terminadas y habitadas.
Uno de los puntos críticos señalados durante la entrevista fue la tendencia a comprar viviendas estandarizadas o «paquetes» de planos por internet que no contemplan la realidad geográfica de la Patagonia.

«Vemos muchas propagandas que te venden los planos y te dicen que no se necesita un profesional. Son proyectos que no se pueden adaptar a cualquier zona», advirtieron desde el Colegio.
En Comodoro Rivadavia, la orientación es clave. Las expertas señalaron que no se debe colocar grandes aventanamientos hacia el oeste, la dirección predominante de las ráfagas. «Son casas que salen en serie, son todas el mismo modelo y no están respetando las orientaciones», puntualizó Carli, subrayando que un diseño genérico puede convertirse en una trampa peligrosa ante un clima extremo.
Ante la consulta sobre si es seguro construir en seco o con grandes ventanales en la ciudad, la respuesta fue afirmativa, pero condicionada al cálculo técnico.
«Si están bien diseñadas y proyectadas, todas las construcciones son recomendables. Con un buen dimensionado estructural, lo soportan», aseguró Moreno. Esto incluye también a los grandes ventanales comerciales o residenciales, los cuales deben contar con «doble vidrio y laminado, para que si se llega a quebrar no se astille», además de un cálculo de resistencia específico provisto por los fabricantes.
Las arquitectas hicieron hincapié en desmitificar la idea de que contratar a un arquitecto es un gasto superfluo. Por el contrario, ante la pérdida total de una vivienda mal construida, la ecuación es simple: «Con esto que pasó, lo barato sale caro», sentenció Moreno.
Para cerrar, las profesionales recordaron que en Comodoro Rivadavia hay 200 arquitectos matriculados y activos, listos para asesorar no solo en la seguridad, sino en la habitabilidad. «El arquitecto te hace un hogar, no te hace una casa», concluyeron, destacando que a pesar de la crisis y los costos, el comodorense sigue invirtiendo en «ladrillo» y buscando solidez para sus viviendas.


