Leonardo Manrique, jefe de la División de Sustracción, detalló el secuestro de un Peugeot 207 en el marco de una investigación por estafa ocurrida el año pasado. Explicó que la maniobra es frecuente en el mercado de compra-venta de vehículos usados, donde intermediarios reciben autos con impedimentos legales y luego los revenden a terceros que, al querer hacer la transferencia, descubren que tienen un pedido de secuestro por delitos de estafa.

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En horas de la mañana, efectivos policiales concretaron el secuestro de un vehículo Peugeot 207 que figuraba en el sistema con un pedido de captura activo. El auto fue retenido en el marco de una investigación por un delito de estafa que se remonta a mediados del año pasado, según confirmó un oficial que estuvo a cargo del operativo.

Manrique brindó detalles sobre la modalidad de estos hechos delictivos que, lamentablemente, se han vuelto habituales en la región. El caso del Peugeot 207 se enmarca en una problemática más amplia de estafas en la compraventa de rodados usados.

El oficial explicó que este tipo de hechos se dan con frecuencia en el circuito de compra-venta, donde personas que se dedican a la actividad reciben vehículos como parte de pago, pero no corroboran la documentación en el momento.

«Estos tipos de estafas son muy comunes en razón de que son vehículos que fueron entregados por parte de pago a personas de la comunidad que se dedican a la compra de venta de vehículos y la entrega de suma de dinero», detalló el oficial, poniendo el foco en los intermediarios que aceptan los autos con impedimentos.

Una vez que estos vehículos son aceptados, la complicación legal aparece más tarde. El rodado «siempre tienen algún impedimento los cuales no son corroborados inmediatamente, entonces posteriormente se el vehículo queda secuestrado o tienen problemas al momento de realizar la transferencia».

La peor parte la llevan los terceros, que compran el vehículo sin saber del problema legal. El oficial indicó que estos autos son entregados a «otras personas, las cuales lo compran de buena fe».

«Cuando llegan a esta situación de verificar o de ir a hacer un trámite en el registro, se llevan la sorpresa de que tiene un pedido de secuestro por un delito de estafa», lamentó el entrevistado.

El drama de esta modalidad es que termina dejando doblemente damnificados: la víctima inicial de la estafa y el comprador de buena fe que pierde el vehículo.

El panorama anual es preocupante: «Ya en lo que va del año más de una decena de vehículos hemos secuestrado y donde bueno, hay siempre dos damnificados y los sindicatos siempre resultan ser personas de la comunidad».

Ante la consulta sobre las precauciones a tomar, el oficial fue enfático en la necesidad de la verificación exhaustiva de la documentación y la situación legal del rodado antes de concretar cualquier negocio.

«Esto es algo muy común y bueno, lo que hay que tener en cuenta siempre al hacer negocio con esta clase de persona es la documentación que posee y bueno, que esté verificado el vehículo y que esté arrojado en el sistema y que no tenga ningún impedimento», concluyó.