La presidenta de la Fundación 500RPM, Luciana Proietti, dialogó con La Tribuna Radio y detalló el impacto del proyecto REDER Chubut y «Frutillas del Viento». Con financiamiento europeo y apoyo del INTA, logran bombear agua en zonas áridas para cultivar fruta fina, transformando la economía de parajes aislados. Además, destacó la formación docente en escuelas técnicas junto a Siemens y el reciente reconocimiento del Senado de la Nación.
Con 15 años de trayectoria, la fundación ha evolucionado desde la fabricación de aerogeneradores hasta la implementación de soluciones complejas de desarrollo rural. El foco actual está puesto en dos grandes iniciativas: la educación técnica y el uso productivo de la energía en zonas aisladas.
El proyecto estrella que Proietti coordina se denomina REDER Chubut, popularmente conocido como «Frutillas del Viento». Esta iniciativa, financiada por la Unión Europea y ejecutada en conjunto con el INTA Esquel, la Fundación Patagonia Natural y la Unión Iberoamericana de Municipalistas, busca resolver una problemática estructural de la ruralidad: la falta de ingresos.
«Buscábamos que la energía renovable fuera un vector de desarrollo, que se utilizara para algo productivo, para generar una economía a las familias y no para un abastecimiento de mínimas, que es solo prender unas luces», explicó Proietti.
El desafío era técnico y geográfico. Se trataba de utilizar el viento y el sol para bombear agua en la árida estepa patagónica y destinarla a la horticultura. El resultado sorprendió a propios y ajenos: en localidades como Paso del Sapo o Paso de Indios, donde las huertas eran inexistentes, hoy se cultivan frutillas de calidad premium.
Proietti fue contundente al ilustrar el cambio de paradigma con una analogía científica: «La humanidad está pensando cultivar en Marte, no debería sorprenderte que lo hagamos en este lugar de la tierra. Donde hay un cachito de agua, ya se puede cultivar».
Según la entrevistada, la frutilla patagónica posee una ventaja competitiva natural: al recibir más horas de luz, el fruto es más dulce que en el norte del país. Esto ha generado un efecto contagio en los pobladores, quienes al ver el éxito de sus vecinos, comienzan a replicar el modelo de pozos de agua y cultivo.
Más allá de la producción, la fundación trabaja fuertemente en el ámbito educativo con el programa «Energía Joven». En alianza con la Fundación Siemens Argentina y el Instituto Wuppertal de Alemania, capacitan a docentes de escuelas técnicas en cambio climático y transición energética.
«Lo interesante de ese proyecto es que quedan las capacidades instaladas en los ministerios. Chubut ha sido la primera en replicar este proyecto en otras catorce escuelas más», destacó Proietti, subrayando el efecto multiplicador de la iniciativa que ya se expande a Neuquén, Mendoza y Buenos Aires.
El impacto de estas labores no ha pasado desapercibido. Recientemente, el proyecto recibió la mención al «Valor Científico» otorgada por el Senado de la Nación. «Es un premio compartido con el INTA Esquel, porque realmente es un proyecto gestado y ejecutado en conjunto», aclaró la presidenta de la fundación, poniendo en valor el trabajo de un equipo de casi 20 personas.
Hacia el final de la entrevista, Proietti dejó un mensaje claro para los gobiernos locales y organizaciones: la transición energética y productiva es posible y necesaria.
«Falta mucho desarrollo por hacer en nuestro país. Hemos estado en localidades donde nunca habían visto una huerta. Es posible generar empleo con esto y abastecer un pueblo con alimentos que antes no había», concluyó.
La experiencia de 500RPM demuestra que la combinación de tecnología, recursos naturales y gestión comunitaria puede romper la inercia del desierto, convirtiendo al viento patagónico en sinónimo de alimento y trabajo.


